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 Tanteos por los caminos de la explicación psicológica

Rebeca Campo Malpica

Derechos Reservados (c) 2003

 

“En la psicología hay métodos experimentales y confusión conceptual.”.

                                    Wittgenstein, Investigaciones Filosóficas

 

 

Al comenzar a tratar de reflexionar sobre el tema de la explicación en la psicología me dirigí al diccionario de la lengua española y busqué la palabra explicar. Lo que encontraría allí no me iba a remitir a la acepción de la explicación en el contexto científico, pero tampoco estaba de más comenzar a analizar dicha actividad en su acepción general.  Explicar aparecía entonces  definida de la siguiente manera: dar a conocer la causa de una cosa o comprenderla.  De la primera acepción deduzco dos cosas, en primer lugar, que la explicación, para considerarse como tal,  debe ser sólo una y, en segundo lugar, que de haber varias explicaciones, el problema no sería tanto con la explicación misma sino con la manera en que se ha conceptualizado el objeto que se intenta explicar. En cuanto a la segunda acepción, el comprender, si nos trasladamos a un registro epistemológico, alude a un debate más que centenario y que ha tomado múltiples formas que han añadido a la problemática que presenta la explicación otros matices a considerar. Pensar sobre la explicación en la psicología es algo que, a mi entender, debe tratarse entonces de forma dialéctica pues la problemática del sujeto que conoce en relación con el objeto conocido se afectan mutuamente.

 Quisiera comenzar ubicando históricamente el concepto de explicación según entendido consensualmente por la ciencia a modo de sentar las bases sobre las cuales hacer una breve mirada a esta problemática. La explicación científica, entendida bajo el rigor positivista, se fortalece en el periodo de la Modernidad. Este periodo, entre otras cosas, implica unas formas particulares de vivir el tiempo y el espacio. Estas categorías encuentran su fuente en la física newtoniana y su forma en la ciencia bajo el paradigma newtoniana-cartesiano. Esta época construyó para las ciencias un ideal de la realidad como algo concreto y aprensible. La certeza era posible de alcanzar y la misma se lograba a través de la garantía que la utilización de los métodos experimentales le proveía así como la posibilidad de excluir el error mediante la verificación y comprobación de sus procesos. La razón se estableció como fuente de toda posibilidad de conocimiento. La explicación en este sentido extremo estaba sustentada sobre una base empírica y tenía como meta la formulación de leyes universales. La verdad emerge como valor. Este era su encargo.

 La idea de progreso dominante en este periodo tenía muchas esperanzas cifradas en la ciencia. En cuanto al ámbito de las ciencias sociales en específico, el científico, en nombre de la llamada objetividad, se posicionó como externo a la realidad que pretendía explicar. La interpretación que se hace de la obra de Descartes había hecho de la razón no sólo la herramienta más útil para alcanzar el conocimiento sino que también la designó como la facultad que estaba en el centro de la definición misma tanto del sujeto que conoce o de objeto conocido. Este uso de la razón posibilitaba la puesta en práctica de un método que llevara al conocimiento de un saber certero. Como objeto a ser conocido, la razón quedaba escindida del cuerpo.  El yo que hereda la Modernidad, y con el que trabaja gran parte de la Psicología de nuestro tiempo, parte de esa noción cartesiana de un yo posicionado en la razón y por ende en control de sí mismo. En cuanto al proceso de conocer, este sujeto aparecía ausente de toda investigación. El era un observador puro, limpio, justo. La redacción en tercera persona que hoy en día exigen ciertos documentos científicos muestran resabios de esta aspiración. Ciertos estilos como el ensayo, son por lo general muy poco utilizados en las investigaciones científicas pues involucra de manera directa al sujeto que conoce. Implica que algo de su subjetividad se pone en juego en el proceso de conocer y no pretende disimularse mediante la redacción en voz de tercera persona singular. En cuanto a esta desaparición sólo podría comenzar a extrañarse ese sujeto en la medida en que se empiece a valorar su función, la puesta en juego de su subjetividad en el proceso de conocer. Este extrañamiento no puede producirse desde la concepción cartesiana de sujeto humano. En ese sentido es que creo parece interpretarlo Lucila Pagliai en un ensayo titulado: El cartesianismo como retórica o por qué Borges interesa a los científicos, cuando afirma lo siguiente en cuanto al sujeto cartesiano: 

 “La confianza en el poder transformador del pensamiento y en la justeza del método nacido del cartesianismo- que parte de la única certeza de la existencia del yo en tanto sujeto pensante- desembocaron en la paradoja de un paradigma cognitivo que, al estar basado en la objetividad, la noción de Verdad y la metodología experimental, acabó por decretar la muerte del sujeto.

 Luego, extendiendo la problemática más allá del sujeto, añade:

 “En ese marco, la cuestión de la objetividad de la ciencia, la posibilidad de llegar al conocimiento de la Verdad y la relación entre el sujeto y el objeto del conocimiento han constituido problemas centrales en las ciencias humanas y sociales, aún no resueltos, a los que se vienen aportando soluciones diversas, a veces controversiales.”[1]

 Esta problemática buscó resolverse planteando una dimensión epistemológica propia para las ciencias sociales. Esta fue una propuesta que planteó, entre otros debates, aquel que se conoce como explicación/comprensión. Este debate hizo reflexionar sobre las capacidades, límites y particularidades del sujeto que conoce para con ciertas disciplinas como las pertenecientes a las ciencias humanas. La homologización de las ciencias sociales a las naturales marcó, desde el debate previamente mencionado,  críticas que en la lectura de La problemática del método en las ciencias naturales y sociales, Rubén Pardo enumera:  En primer lugar establece que este acercamiento no toma en consideración la forma en que la realidad social se constituye. En segundo lugar consideraba que la labor del científico social debería prestar más atención al carácter simbólico de la vida humana y a los horizontes de sentido que lo constituyen. Finalmente, la objetividad no es entonces posible cuando sólo podemos conocer desde nuestros vínculos con un horizonte Inter subjetivo previo de sentido.[2] Aunque este debate no plantea trasformar el concepto de explicación, pues pensaba que el problema tenía más que ver con el sujeto que conoce que con su objeto de estudio, ya introduce, a mi entender, un cuestionamiento del sujeto ante su mundo, sus límites y capacidades para dar cuenta de lo que le rodea. Esta dimensión propia se trabajaría mayormente a través del concepto de tradición comprendido en un principio como el buscar reconstruir los elementos que en otro tiempo conformaron un discurso. Este concepto tomará luego diversas acepciones pero de manera general de lo que  trata es de una preconcepción necesaria a la que yo veo muy bien ejemplificada en el ejercicio de la traducción. El sentido que se le podía otorgar a un texto era sólo posible en la medida en que el sujeto lograba una empatía comprendiendo así los elementos que en otro tiempo se conjugaron  para la conformación del mismo. Más allá de las particularidades de este debate, y haciendo una gran extrapolación a mí me parece que estos señalamientos a lo que apuntan es a la consideración  de elementos fundamentales en la constitución de las ciencias sociales como ciencias discursivas. Es decir que se expone el hecho de que su constitución como ciencia no puede darse al margen de una articulación de lo socio-histórico más allá de lo que conlleve el comprender individualmente, lo que implica que cobran relevancia los límites y particularidades del sujeto como ente que conoce. En la definición de Hermenéutica que escribe Angel Gabilondo para el Diccionario de Terminología Científico Social dice lo siguiente respecto de este sujeto bajo estas consideraciones:

 

“Ni la conciencia se limita a reproducir significados, ya que los genera, ni el significado cabe ya ser pensado sin más como referencia a un objeto sino que habrá que entenderse como la forma en que el sujeto finito, que comprende las cosas desde un punto de vista particular,  analiza algo, o el modo como desglosa algo para su propio uso.”[3]

  Haciendo uso del mismo concepto de tradición, aunque bajo otra acepción y analizado desde la filosofía de las ciencias, Thomas Kuhn problematiza la noción de racionalidad.  Para Kuhn la racionalidad no se trata de una decisión consciente de los científicos considerados individualmente, sino de un proceso que se genera al interior de la comunidad científica y que se forja socialmente. La tradición será la encargada de proveerle a la comunidad científica los modelos y metáforas propias desde y con los cuales una comunidad científica trabaja  Habrá entonces tradiciones particulares que marcarán a nivel social la manera en como se conceptualiza  un fenómeno. El paradigma establece entonces una forma de mirar que luego dictará lo que puede ser considerado un problema y la manera entenderlo y solucionarlo. Añade Ambrosio Velasco Gómez en un  escrito titulado El concepto de tradición en la filosofía de la ciencia y en la hermenéutica filosófica lo siguiente:

 “Para Kuhn existe un solo orden de tradiciones que involucra lenguajes, conceptos, teorías, presupuestos ontológicos y metodológicos como criterios, actitudes y valores epistémicos. En el trabajo que se hace dentro de la tradición, los miembros de las comunidades científicas plantean continuamente problemas, debates y acuerdos, algunos de los cuales eventualmente producirán un cuestionamiento y una transformación en su conjunto. [4]

 Con el desarrollo de la noción de tradición en Kuhn, entendida como normas que restringen o imponen límites o márgenes a la discusión y argumentación científica, queda, a mí entender, considerada no sólo las ciencias sociales como constituidas socio-históricamente sino también las ciencias naturales en la medida en que sus límites tanto de acción como de construcción no podrán ser trazados fuera de la misma. En ese sentido,  tanto las ciencias sociales como naturales podrían ser consideradas como discursivas.  De qué manera esto toca a cada disciplina entraría ya en otras consideraciones más allá de las que aquí pretendo elaborar. 

 En cuanto a la psicología concierne, aquella verdad y potencia a la que aspiraba el sujeto cartesiano encuentra sus límites en ese marco epistémico conformado socio-históricamente. El objeto de estudio emergería de esas consideraciones que forman y nombran los objetos de estudio dentro de un paradigma. Sin embargo, una simple mirada al terreno de la psicología nos haría ver que la misma ha confrontado problemas para definir su objeto de estudio. Parece ser que la psique humana no es analizable desde un marco conceptual único y que, en cuanto metodología se refiere, la misma parece trabajar más respondiendo a unas conceptualizaciones metodológicas elaboradas a la luz de unos ideales previamente establecidos sobre lo que debe ser el saber científico, que desde la problemática que el objeto de estudio le presenta. Por tal razón pienso que en el caso de la psicología se hace más que imprescindible la explicitación de los presupuestos desde los que trabaja para lograr comprender no sólo el por qué de las decisiones metodológicas que se toman sino también para poder reconocer los límites de nuestras conceptualizaciones, nuestro lugar en el proceso de construir conocimiento y sobre todo las implicaciones de nuestros actos para con los sujetos, objetos de nuestra disciplina. Esta variedad conceptual y por ende metodológica me lleva a pensar que en la psicología lo que existen son múltiples caminos por los cuales se puede recorrer en el afán de dar cuenta de la complejidad de la psique humana. 

 Queda entonces, a mi entender, la posibilidad de analizar otros posible caminos en esta empresa de dar cuenta de la psique humana. La posibilidad de tantear otros posibles caminos que, aunque complejizan la lógica de la explicación en la psicología, presentan la posibilidad de aportar a la discusión sobre la misma nuevos retos y posicionamientos. Ya sean tanto porque impliquen al sujeto directamente en el proceso de investigación, como lo sería en algún tipo de acercamiento de índole hermenéutico, u otros caminos que implosionen la lógica de la explicación desde sus presupuestos, como lo sería el psicoanálisis. 

 En el caso del psicoanálisis, por ejemplo, a  mí me parece que esa implosión se produce en la medida en que esta disciplina propone una nueva concepción del sujeto al desplazar a la razón como guía de la acción humana e incorporar, por ejemplo, a las funciones del sueño, como procesos que tienen algo que decir. Decir que no será interpretado de manera general sino que cada palabra cobrará una significación diferente para cada sujeto en la medida en que ésta se inscriba en la cadena de significantes.  En ese sentido la verdad no es algo que se posee sino algo que emerge de un proceso. En cuando a la realidad psíquica formulada por Freud, los hechos con los que se trabaja en el psicoanálisis no tienen necesariamente una correspondecia con la realidad concreta.  Por estas y múltiples razones más entiendo que el psicoanálisis levanta cuestionamientos sobre su estatuto como ciencia pero por otro lado me parece que los conocimientos que puede generar sobre la psique humana son muy valiosos.

 

En cuanto al acercamiento hermenéutico, éste parte de la premisa de que todo acercamiento a la realidad es una interpretación. Esto implica que el sujeto que conoce no puede sólo posicionarse como mero espectador de unos fenómenos sino que queda involucrada su participación en cuanto otorga sentido a los mismos.  Visto de esa manera, el sujeto debe hacer explícitas las coordenadas desde las cuales le otorga sentido a lo que busca entender. Esto implica una entrada en escena de aquel supuesto narrador omnisciente, como angel caído de un lugar imaginario, lugar idealizado por el ideal moderno de ciencia. Su lugar en el proceso de conocer no será sólo valorado sino requerido. Este acercamiento abre también la posibilidad de hacer de otros discursos como el literario por ejemplo, otros lugares dónde buscar para dar cuenta de lo que nos interesa.  De la literatura, aunque no dejara de ser ficción, podríamos valorar en ella la posibilidad de construir otros mundo y con ellos otras posibles estructuras y relaciones. Podríamos ensayar otro tipo de sensibilidades, de darle más lugar a la intuición. Después de todo, como muy bien dice Freud en esa cita de Gradiva ya tan múltiples veces citada pero no por ello menos valiosa, lo siguiente:

 “Los poetas son valiosísimos aliados, cuyo testimonio debe estimarse en alto grado, pues suelen conocer muchas cosas existentes entre el cielo y la tierra y que ni siquiera sospecha nuestra filosofía. En la Psicología, sobre todo, se hallan muy por encima de nosotros los hombres vulgares, pues beben en fuentes que no hemos logrado aún hacer accesibles a la ciencia.”[5]

 En fin, para concluir, a mí me parece que el camino que cada quién decida tomar estarán entonces en función de los intereses particulares de cada cual. Será una elección. Cada uno de estos posibles caminos,  puede conllevar, unos en mayor grado que otros, un cuestionamiento no sólo a esa idea tradicional que se tiene de ciencia sino cuestionar su relevancia misma como ciencia. En qué medida esto podría ser o no ser un problema, para quienes y por qué es lo que me queda como pregunta.

 Referencias

 Gabilondo, A. (1988). Hermenéutica. En: Román Reyes . (Compilador). Diccionario de Terminología Científico Social.  Barcelona: Editorial Anthropos.

 Pagliai, L. (1999). El cartesianismo como retórica o ¿por qué Borges interesa a los científicos ? En:Slapak, S (Coordinador). Borges y la ciencia. Buenos Aires: Editorial Eudeba.

 Paraíso, I. (1995). Literatura y psicología. Madrid: Editorial Síntesis.

 Pardo, R. (1997). La problemática del método en las ciencias naturales y sociales. En: Diaz, E. (Ed.) Metodología de las Ciencias Sociales. Buenos Aires: Biblos.

 Velasco Gómez, A. (1997). El concepto de tradición en la filosofía de la ciencia y en la hermenéutica filosófica. En: Racionalidad y Cambio Científico. México: Editorial Paidós Mexicana. 

 

 

[1] Lucila Pagliai. (1999). El cartesianismo como retórica o ¿por qué Borges interesa a los científicos ? En:

Slapak, S (Coordinador). Borges y la ciencia. Buenos Aires: Editorial Eudeba. (pp. 15).

[2] Rubén Pardo. (1997). La problemática del método en las ciencias naturales y sociales. En: Diaz, E. (Ed.) Metodología de las Ciencias Sociales. Buenos Aires: Biblos. (pp. 93).

[3] Angel Gabilondo. (1988). Hermenéutica. En: Román Reyes . (Compilador). Diccionario de Terminología Científico Social.  Barcelona: Editorial Anthropos. (pp.451).

[4] Ambrosio Velasco Gómez. (1997). El concepto de tradición en la Filosofía de la Ciencia y en la hermenéutica filosófica. En: Racionalidad y Cambio Científico. México: Editorial Paidós Mexicana. (pp. 160-161).

[5] Sigmund Freud.  El delirio y los sueños en la “Gradiva” de W. Jensen. En : Paraíso, I. (1995). Literatura y psicología. Madrid: Editorial Síntesis. pp. 55.